REFLEXIONEMOS SOBRE
NUESTRA PERUANIDAD
Vivir en un país con tanta historia y
con una vasta riqueza cultural es el mayor orgullo nacional que se puede
sentir. Sin embargo, aún no sabemos cómo aprovechar al máximo el potencial
económico, histórico, cultural y turístico que tenemos; por el contrario,
solemos admirar lo de afuera y no logramos maravillarnos con nuestra historia,
con lo nuestro.
A nuestra economía le sigue yendo
bien, pero el crecimiento económico no es sinónimo de desarrollo y menos de
desarrollo humano. Y si hablamos de política, por lo que hemos podido observar
en los últimos días, el gobierno actual está en crisis: la aprobación
presidencial desciende y el nivel de confianza en los políticos está por los
suelos.
Resulta más fácil echarle la culpa de
la actual situación a quienes nos han gobernado y nos gobiernan que asumir
nuestra responsabilidad de la crisis social y de valores por la que atraviesa
el Perú: ese es el peor defecto que tenemos; no caemos en cuenta de que son
nuestras acciones diarias las que forjan este país.
¡Reconozcámoslo!, son nuestros malos
hábitos y decisiones erradas las que disminuyen, merman y detienen el progreso
del país, aquellas como cuando aceleramos nuestros vehículos en luz ámbar y nos
pasamos la luz roja o cuando jamás le damos el pase a un transeúnte en el cruce
peatonal.
Es necesario cambiar
el país. Necesitamos y merecemos vivir en un Perú viable e integrado;
aprovechemos estas Fiestas Patrias y analicemos nuestras acciones y actitudes y
propongámonos ser mejores peruanos, ciudadanos de calidad. Ayudemos a arreglar
nuestro país y no nos quedemos lamentando lo que perdimos; miremos hacia
adelante para forjar un futuro realmente mejor, en todos los sentidos.
